Llevaba varios días encerrado en su habitación, dándole vueltas, haciéndose preguntas que no le llevaban a ninguna respuesta, imaginando su blanca piel sobre su tez morena, aquellas manos menudas y tan finas que parecían estar hechas solo para contemplarlas. Su cuello descubierto, con el pelo hacia un lado, y besando cada lunar que encontrase a su paso.
No podía más! necesitaba verla aunque fuese una última vez, volver a oler su perfume, sentir su pelo en la cara y alcanzar por un instante la tranquilidad que anhelaba.
Salió por la puerta sin saber lo que le iba a decir, como iba a reaccionar al verla, al tenerla delante de sus ojos...Y se perdió en la inmensidad de sus pensamientos buscándola en todos los rincones, hasta que por fin la encontró; y allí estaba ella, de espaldas hacia él, apoyada sobre un muro con la mirada perdida en el horizonte.
Él, se fue acercando lentamente, poco a poco, sin que ella lo notase, nervioso por lo que iba a suceder , por lo que estaba sucediendo...
Y la tocó. Pudo sentir su fría piel sobre sus manos y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Ella se quedó muda al verle y al mismo tiempo su cuerpo comenzó a estremecerse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario